Resumen. Williams, Hegemonía, Tradición y lo Dominante – Versión de Karina Palillero

Raymond Williams, Marxismo y literatura, Barcelona, Península, 1988, Capítulos II.6-8, pp.129-149.
Síntesis y resumen de Karina Palillero

Síntesis

Para realizar un análisis profundo sobre cualquier cultura y entenderla en su complejidad, Raymond Williams considera que deben abordarse tres aspectos (fuertemente vinculados) fundamentales: la hegemonía dominante y sus oposiciones, las definiciones sociales (tradiciones, instituciones y formaciones) y las interrelaciones dinámicas de los elementos históricos (lo dominante, lo residual y lo emergente).

La hegemonía es el sistema de significados y valores que al ser experimentados nos constituyen como individuos. La hegemonía incluye en sí y rebasa a la ideología y a la cultura. En el primer caso lo logra porque habla de las relaciones sociales de manera concreta, es decir, no solamente de forma abstracta como lo hace la ideología;  mientras que a la cultura (procesos social total vivido) la  vincula con las relaciones de dominación y subordinación que se dan entre las clases sociales. Además retoma el concepto de tradición selectiva para mostrarnos cómo es que la hegemonía lleva a cabo una selección de hechos pasados para justificar el orden establecido.

Resumen

6. La hegemonía


Tradicionalmente la hegemonía ha sido definida como la dirección política o dominación, en especial cuando se trata de relaciones entre los Estados. El marxismo amplió esta definición a las relaciones sociales, particularmente cuando se define a la clase dirigente. En la obra Antonio Gramsci encontramos una separación entre el término de dominio y el de hegemonía. El primero se expresa en las formas políticas y en tiempos de crisis por medio de una coerción directa o efectiva; mientras que el segundo concepto se refiere al entrelazamiento de fuerzas políticas, sociales y culturales activas. Este entrelazamiento de diversas fuerzas activas repercute en la teoría cultural al incluir en sí mismo e ir más allá de los conceptos de cultura y de ideología.

La  cultura es el proceso social total en el cual los humanos definen y configuran sus vidas; así, podemos decir que la hegemonía la rebasa pues trata de relacionar el proceso social total con las distribuciones específicas del poder y la influencia, reconociendo la subordinación y dominación que hay en las relaciones sociales.

16.11 Williams, Tradición selectiva y hegemonía – Versión de Karina Palillero

Bitácora de la sesión del 16 de noviembre de 2012
Versión de Karina Palillero

En la sesión del 16 de noviembre abordamos los capítulos 6 al 8 del texto Marxismo y literatura de Raymond Williams. La sesión se desarrolló con base en dos puntos que fueron: el concepto de hegemonía y el de tradición selectiva.

1. Concepto de hegemonía


La hegemonía generalmente se ha definido como la dirección política o la dominación ejercida por la clase dirigente: por esos rasgos se ha vinculado con la ideología dominante.

Para entender este concepto podemos retomar dos categorías de la obra de Antonio Gramsci que son: dominio y hegemonía.
  • Dominio: Se relaciona con una coerción física directa sobre las personas u objetos. Además de que nos permite identificar visiblemente a un represor o dictador.
  • Hegemonía: Es un entrelazamiento de fuerza políticas que ejercen una especie de coerción indirecta. Dentro de ella se pueden englobar los conceptos de ideología y cultura.

a. La hegemonía entendida como ideología: La ideología, entendida como un sistema de creencias que agrupa de manera abstracta a un grupo de personas, ha resultado un concepto atractivo para distintos intelectuales porque permite abstraer las ideas del conjunto de situaciones vividas por los sujetos concretos, de tal forma que deja de lado sus situaciones específicas. Por medio de dicha abstracción pueden englobarse teóricamente  muchos aspectos, muchas sociedades y fenómenos diferentes en un marco general.

Un ejemplo sería que al estudiar la ideología burguesa se generaliza a los sujetos sociales como pequeñoburgueses, así los sujetos A, B, C, D, E… tienen, desde este enfoque una ideología falsa que responde a los intereses de la burguesía, a la que aspiran pertenecer. Al generalizarlos como pequeños burgueses no importan las diferencias que hay entre su ser pequeñoburgueses por sus condiciones particulares.

Williams considera superior el concepto de hegemonía al de ideología al confrontarlo con las ideas de Louis Althuser. En la abstracción que realiza Althuser se considera que las personas son irrelevantes en nombre del sistema. Lo cual se puede entender con el ejemplo anterior.

En cambio, para Williams, el término de hegemonía añade a la ideología un cuerpo de prácticas relacionado con la totalidad de la vida. Es decir, contrapone estos dos conceptos porque piensa que la ideología habla de los individuos concretos de una forma abstracta mientras que la hegemonía intenta hablar de los individuos en un sentido concreto y no solamente de manera abstracta. De lo que resulta que la hegemonía es el resultado de la ideología más las prácticas. La propuesta de Williams puede ser cuestionada, de acuerdo con autores como Slavoj Žižek o Karl Mannheim, ya que desde estas perspectivas sabemos que toda práctica conlleva ya una ideología, es decir, la ideología y las prácticas se encuentran entrelazadas.

16.11 Williams, Tradición y hegemonía – Versión de Ixchel Uribe

Bitácora de la sesión del 16 de noviembre de 2012
Bitácora versión de Ixchel Uribe Alcántara

La sesión se desarrolló en torno a dos conceptos que analiza Raymond Williams: hegemonía y tradición selectiva.

La definición tradicional de hegemonía  se refiere a la dirección o dominación política de una clase dirigente, por grupos que tienen en sus manos el poder. Hegemonía e ideología son conceptos distintos, pero que se relacionan. Retomando las categorías de Gramsci, dominación es una coerción directa sobre objetos y personas, en la cual se pueden identificar a los opresores. En cambio, la ideología y la cultura son formas de dominación indirecta, que podemos englobar bajo el término de hegemonía.

Si la hegemonía es entendida como ideología (como un sistema de creencias), este concepto resulta atractivo pues abstrae distintas situaciones para unir a individuos concretos, pero esta abstracción provoca que se aparte al individuo concreto. Por otra parte, se pone de manifiesto que la hegemonía es superior a la ideología en tanto que hegemonía es el resultado de la suma de la ideología y las prácticas de los individuos que la justifican.

Si se considera a la hegemonía como igual a la cultura (entendida como prácticas, ideas sobre la vida, el amor, etc.) se puede caer en una trampa, pues estos conceptos son bastante amplios y distintos. Hablar de una cultura u otra supone que no hay relación de dominación, a diferencia de la hegemonía en donde esta relación se encuentra presente.

El concepto de hegemonía puede despertar el espíritu crítico de la relación de dominio, y por ello es más útil que el de manipulación o ideología. La hegemonía busca relaciones totales, no es homogénea, estática, ni abstracta. El problema de usar el concepto de ideología es que abstrae a individuos concretos por lo que para que el concepto sea adecuado debe concentrarse en individuos concretos.

La hegemonía se renueva a través del tiempo y es necesario conocer su contexto. Las prácticas que controlan lo social se encuentran con la resistencia de otros grupos, pues no hay ninguna ideología que sea absoluta: siempre vamos a encontrar hegemonías alternativas o contra-hegemonías. Sin embargo; el verdadero problema es responder a la pregunta sobre cómo se distingue cuando una práctica responde a una hegemonía o contra-hegemonía, esto es, cómo saber si la contra-hegemonía no favorece al sistema. Asimismo la cultura dominante limita las formas de contracultura.

El marxismo ortodoxo rechaza el concepto de tradición, aunque para Raymond Williams la tradición ejerce presión sobre la hegemonía. Los acontecimientos y hechos del pasado son seleccionados, en función de los que son relevantes para la hegemonía. La tradición oculta los intereses de la dominación, la selección histórica se verifica en la práctica. Tanto la hegemonía como la tradición selectiva son armas para el análisis crítico del presente.

Reseña. Dogville – Versión de Melisa Aguilar

Presentación del documental de Slavoj Žižek, The Pervert's Guide to Cinema, donde posteriormente habla sobre Dogville.



Dogville, Lars von Trier (Dinamarca, 2003)
Reseña de Melisa Aracely Aguilar Quevedo

La historia se desarrolla en Dogville, un pequeño pueblo de Estados Unidos. La película comienza con una breve descripción por parte del narrador acerca de Tom, uno de los habitantes de este lugar, hijo de un doctor pensionado. Tom es escritor y quiere dar a la población una “iluminación” con sus conocimientos.

Una noche, Tom escucha disparos a lo lejos y poco después se escuchan los ladridos del perro; se acerca a averiguar qué sucede y se encuentra con Grace, una chica perseguida por gángsters, de quienes la oculta cuando llegan al poblado preguntando si la han visto. Tom ve la oportunidad de que Grace permanezca en Dogville, para lo cual consulta a los demás habitantes del pueblo si están a favor de ocultarla, con lo cual –algunos a regañadientes– están de acuerdo y permiten que se quede por dos semanas, tiempo en el que tendrá que ganarse la confianza de los pobladores para que le permitan quedarse definitivamente.

Reseña. Dogville – Versión de Yatzín Domínguez

Dogville, Lars von Trier (Dinamarca, 2003)
Reseña de Yatzín Domínguez Ordaz

¿Desde dónde están vistas las cosas? ¿Quién está proyectando o dándole significado a las cosas? Estas dos preguntas que nos hacen reflexionar sobre si en verdad vemos las cosas como los demás lo ven o a partir de qué, nosotros le damos una interpretación a estas, ya que construimos ciertas miradas desde fuera y las interpretaciones pueden cambiar.


Dogville, realizada en el año 2003 por Lars von Trier, hace resaltar el dilema sobre si lo que vemos es lo que no es, o si lo que no vemos es lo que es.

La historia comienza en un poblado llamado Dogville, que aparentemente se mira tranquilo, con gente amable; pero esta imagen se rompe con la llegada de Grace, quien —desde el punto de vista de Žižek del "yo ideal"— se presenta como frágil, víctima, confirma el yo sufriente. Por otro lado, Tom, un chico que se presenta como el culmen de la racionalidad que salvará a la humanidad gracias a sus escritos morales, su "yo ideal" es el de un líder.

Resumen. Žižek, El sublime objeto de la ideología, 6 – Versión de Gabriel López

Slavoj Žižek, El sublime objeto de la ideología, México, Siglo XXI, 1992, capítulo 6, pp. 257-294.
Resumen y síntesis de Gabriel López Hernández

«No sólo como sustancia, sino también como sujeto»


LA LÓGICA DE LA SUBLIMIDAD


En Kant, lo Sublime designa la relación de un objeto del mundo interior, empírico, sensorial, con la trascendente, transfenoménica, inalcanzable Cosa-en-sí. La paradoja de lo Sublime es como sigue: en principio, la brecha que separa a los objetos fenoménicos, empíricos, de la experiencia de la Cosa-en-sí es insuperable, es decir, ningún objeto empírico, ninguna representación de él puede presentar de manera adecuada a la Cosa (la Idea suprasensible); pero lo  Sublime es un objeto en el que podemos experimentar esta misma imposibilidad, este fracaso permanente de la representación en su ir tras la Cosa. Así pues, por medio del fracaso de la representación podemos tener un presentimiento de la verdadera dimensión de la Cosa. Es también por ello por lo que un objeto que evoca en nosotros el sentimiento de Sublimidad nos da simultáneamente placer y displacer: nos da displacer por el carácter inadecuado que tiene con relación a la Cosa-Idea, pero precisamente a través de esta inadecuación nos da placer indicando la verdadera e incomparable grandeza de la Cosa, sobrepasando toda experiencia fenoménica y empírica posible. Lo Sublime es por lo tanto la paradoja de un objeto que, en el campo mismo de la representación, proporciona un punto de vista, de un modo negativo, de la dimensión de lo que es irrepresentable.

Kant parte del supuesto de que la Cosa-en-sí existe como algo positivamente dado más allá del campo de la representación, que persiste en sí, más allá de la fenomenalidad. La crítica hegeliana es que es el propio Kant el que todavía sigue prisionero del campo de la representación. Precisamente cuando determinamos la Cosa como un plus trascendente más allá de lo que puede ser representado, lo determinamos basándonos en el campo de la representación, partiendo de ella, dentro de su horizonte, como su límite negativo: como irrepresentable, sigue siendo todavía el punto extremo de la lógica de la representación. Hegel conserva el momento dialéctico básico de lo Sublime, la noción de que la Idea se alcanza mediante presentación puramente negativa, que el mismo carácter inadecuado de la fenomenalidad con respecto a la Cosa es el único modo adecuado de presentarla. Allí donde Kant cree que está todavía en el campo de la presentación negativa de la Cosa, estamos ya en plena Cosa-en-sí porque esta Cosa-en-sí no es nada más que esta radical negatividad.

Resumen, Žižek, El sublime objeto de la ideología, 6 – Versión de Rebeca Vargas

Slavoj Žižek, El sublime objeto de la ideología, México, Siglo XXI, 1992, cap. 6, pp.257-294.
Resumen y síntesis de Rebeca Vargas Martínez

Síntesis

En este último capítulo del libro El sublime objeto de la ideología, Slavoj Žižek explica la diferencia entre belleza y sublimidad, cómo es que ésta está vinculada a los fenómenos caóticos y la primera a un sentimiento de armonía. Nos muestra la diferencia que hay entre las cosas que digo y las que quiero decir realmente a partir del lenguaje del halago, un lenguaje con el que nos fingimos a nosotros mismos y logra un vacío en nosotros. Para recuperar esa coherencia interrumpida, Žižek habla de la reflexión postulativa, externa y determinada y cómo es que se da el paso para el cambio entre ellas, dando así, una reduplicación de la reflexión. Con la postulación de las presuposiciones toma la figura del “alma bella”, diciéndonos después que el hombre es “inocente” hasta que tiene contacto con la cultura.

Resumen

La lógica de la sublimidad


Yirmiahu Yovel ha observado una cierta incongruencia en la sistematización que hace Hegel de las religiones, que expresa un prejuicio contingente y empírico de Hegel como individuo. Tiene que ver con el lugar que ocupan respectivamente la religión judía y la de la antigua Grecia.

Al cristianismo lo preceden inmediatamente tres formas de la "religión de la individualidad espiritual": la religión judía de la Sublimidad (Erhabenheit), la religión griega de la Belleza, y la religión romana del Entendimiento (Verstand). Las religiones griega, judía y cristiana forman una especie de triada que corresponde perfectamente a la triada de la reflexión afirmativa, externa y determinada.