16.11 Williams, Tradición selectiva y hegemonía – Versión de Karina Palillero

Bitácora de la sesión del 16 de noviembre de 2012
Versión de Karina Palillero

En la sesión del 16 de noviembre abordamos los capítulos 6 al 8 del texto Marxismo y literatura de Raymond Williams. La sesión se desarrolló con base en dos puntos que fueron: el concepto de hegemonía y el de tradición selectiva.

1. Concepto de hegemonía


La hegemonía generalmente se ha definido como la dirección política o la dominación ejercida por la clase dirigente: por esos rasgos se ha vinculado con la ideología dominante.

Para entender este concepto podemos retomar dos categorías de la obra de Antonio Gramsci que son: dominio y hegemonía.
  • Dominio: Se relaciona con una coerción física directa sobre las personas u objetos. Además de que nos permite identificar visiblemente a un represor o dictador.
  • Hegemonía: Es un entrelazamiento de fuerza políticas que ejercen una especie de coerción indirecta. Dentro de ella se pueden englobar los conceptos de ideología y cultura.

a. La hegemonía entendida como ideología: La ideología, entendida como un sistema de creencias que agrupa de manera abstracta a un grupo de personas, ha resultado un concepto atractivo para distintos intelectuales porque permite abstraer las ideas del conjunto de situaciones vividas por los sujetos concretos, de tal forma que deja de lado sus situaciones específicas. Por medio de dicha abstracción pueden englobarse teóricamente  muchos aspectos, muchas sociedades y fenómenos diferentes en un marco general.

Un ejemplo sería que al estudiar la ideología burguesa se generaliza a los sujetos sociales como pequeñoburgueses, así los sujetos A, B, C, D, E… tienen, desde este enfoque una ideología falsa que responde a los intereses de la burguesía, a la que aspiran pertenecer. Al generalizarlos como pequeños burgueses no importan las diferencias que hay entre su ser pequeñoburgueses por sus condiciones particulares.

Williams considera superior el concepto de hegemonía al de ideología al confrontarlo con las ideas de Louis Althuser. En la abstracción que realiza Althuser se considera que las personas son irrelevantes en nombre del sistema. Lo cual se puede entender con el ejemplo anterior.

En cambio, para Williams, el término de hegemonía añade a la ideología un cuerpo de prácticas relacionado con la totalidad de la vida. Es decir, contrapone estos dos conceptos porque piensa que la ideología habla de los individuos concretos de una forma abstracta mientras que la hegemonía intenta hablar de los individuos en un sentido concreto y no solamente de manera abstracta. De lo que resulta que la hegemonía es el resultado de la ideología más las prácticas. La propuesta de Williams puede ser cuestionada, de acuerdo con autores como Slavoj Žižek o Karl Mannheim, ya que desde estas perspectivas sabemos que toda práctica conlleva ya una ideología, es decir, la ideología y las prácticas se encuentran entrelazadas.

En resumen, para Williams la hegemonía significa el vivido sistema de significados y valores que nos constituyen como personas (ideología) y que al ser experimentados como práctica parecen confirmarse recíprocamente. Así cuando no logramos distinguir entre las prácticas y las ideas que fundamentan a esas acciones, sucede que cuando esas acciones nos confirman las ideas nos parece entonces que esas ideas son correctas.

b. La hegemonía en relación con la cultura: Al ser la hegemonía una serie de ideas que por medio de la práctica se justifican podemos vincularla con la cultura que es el modo en que concebimos la vida en general (cosmovisión).

Cabe aclarar que no se deben igualar estos dos términos ni sustituir el de hegemonía por el de cultura. Cultura es una palabra aséptica, es decir, que carece de la carga que nos permite ver las relaciones de dominación y subordinación que se da en las sociedades; relaciones que sí manifiesta el concepto de hegemonía. La equivalencia sería válida para analizar una determinada sociedad en cierto tiempo y lugar, pero no cuando se habla de coerción.

Las relaciones de dominación se perciben de distintas maneras de acuerdo con el término que empleemos, es decir, cuando hablamos de dominio vemos una coerción de manera directa, cuando nos referimos a cultura parece que tal dominio no existe, mientras que cuando decimos hegemonía la coerción no es tan evidente pero se manifiesta.

El Marxismo veía a la ideología como el reflejo de las condiciones materiales de los individuos y como un medio de manipulación de la clase dirigente a la subordinada. Un ejemplo de esto se puede ver en la idea de democracia. La democracia la concebimos como el poder elegir entre algunos partidos como el PRD, PAN, PRI, PT… al  igual que cuando vamos al supermercado y seleccionamos entre distintas marcas. Tal es el caso de cuando compramos frijoles enlatados y elegimos entre La Costeña, La Sierra, Herdez

Por lo tanto, hegemonía parece ser la palabra más útil y crítica para usar, a diferencia de ideología, entendida desde la perspectiva marxista, que ignora que la práctica cultural no es sólo un reflejo de las condiciones materiales.

Después de saber cómo es que la hegemonía se vincula a la ideología y a la cultura nos preguntamos cómo es que incluye a la ideología y las prácticas concretas dentro de ella. Para esto la ideología realiza una totalización de las relaciones de los individuos concretos. La hegemonía ,además de ser un concepto totalizador, es un proceso que busca mostrar el conjunto de prácticas de los individuos concretos; ese objetivo evita que sea abstracta, estática u homogénea.

En cuanto a no ser abstracta lo podemos ejemplificar con dos estudios sobre el Capitalismo:
  • En el primer estudio se analiza el Capitalismo como ideología. Los resultados obtenidos serán una serie de notas abstractas.
  • En el segundo estudio el Capitalismo será abordado desde la hegemonía y en él se tendrá que mostrar su proceso histórico, debido a que el mismo proceso se manifiesta de manera distinta dependiendo del lugar, el tiempo y la sociedad (por ejemplo: El Capitalismo en la Ciudad de México del siglo XXI es distinto al de China en el mismo siglo).

La hegemonía no es estática ya que está continuamente renovándose, a diferencia de la ideología (por ser un sistema); al mismo tiempo que se renueva se encuentra en resistencia frente a distintos grupos que quieren que ese poder dominante cambie.

En la medida en que la hegemonía resiste se dice que no es homogénea ni absoluta, porque existen hegemonías alternativas y contra-hegemonías que la cuestionan frecuentemente. Ante esto nos preguntamos ¿cómo puedo discernir cuándo una práctica responde a la hegemonía dominante  o cuando obedece a una hegemonía alternativa?

Esta dificultad la percibimos por ejemplo cuando nos cuestionamos si algunos grupos, con categorías sociales particulares, como los hippies, darketos y chairos (que comparten ideas, gustos, forma de vestir y  actitudes que parecen ir contra el sistema) son parte de la hegemonía dominante y la benefician o son una hegemonía alternativa.

En el caso concreto de los chairos, que se definen como personas en contra la globalización, con tendencias socialistas, que no votan, que buscan rescatar el «pasado glorioso» de los indígenas, etc., podemos preguntarnos si a pesar de las características que se les adjudican son realmente una hegemonía alternativa o benefician al sistema al invertir en un mercado específico, dirigido a quienes quieran lucir playeras con la cara del Che o Frida Kahlo, etc.

Ante este problema Williams resuelve que la cultura dominante produce y limita a la su vez sus propias contraculturas.

2. Tradición  selectiva


La corriente marxista ha rechazado a la «tradición» al considerarla como parte de la superestructura, por lo que parece ser irrelevante para el análisis de la transformación social. Williams la retoma para mostrar que es una fuerza configurativa que presiona a la hegemonía al elegir del total de los acontecimientos pasados sólo algunos para resaltarlos. El sistema dominante en su selección de hechos pasados buscará beneficiarse de ellos. Un ejemplo es la política indigenista de los años 40 en la que se buscaba usar el estudio de la grandeza de los pueblos prehispánicos para tomarlos como base de un espíritu nacional mexicano, ignorando a todas las etnias que se encontraban (encuentran) en condiciones de miseria.

De este modo vemos que las tradiciones no son arbitrarias; aunque la cultura dominante la quiera mostrar así para ocultar sus fines de dominación, son en realidad son selectivas, pues desde un presente pre-configurado se elige intencionalmente qué elementos destacar y cuales omitir de un pasado configurativo. De esa manera la selección histórica se verifica en la práctica y justifica el orden establecido.

En conclusión, la tradición selectiva y la hegemonía constituyen armas fundamentales para un análisis crítico de nuestro presente cultural. Además de que nos permiten cuestionarnos si es que cuando realizamos acciones, como hablar de la tradición indígena, realmente formamos parte de una contra-hegemonía o si de ese modo justificamos a la hegemonía dominante.

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